espués
de pasar gran parte de su vida estudiando y estar listos para
poner en práctica los conocimientos adquiridos y aportar
al desarrollo del país con su trabajo, algunos jóvenes
optan por seguir invirtiendo en educación. No siempre se
trata de un afán
incontenible
y condiciones espectaculares por el saber, si no que de una forma
políticamente correcta de evitar la entrada al mundo laboral
y, por cierto, de ser adultos.
Aplazar
el matrimonio y el trabajo pueden ser signos más claros
de un temor a ser adulto, es decir, a asumir las responsabilidades
que la adultez conlleva. ¿Será que el tan referido
cuando seas grande podrás... no es tan atractivo
para los jóvenes de hoy?
De acuerdo
a la doctora Mailin Ponce, psiquiatra de la Unidad de Adolescencia
de Clínica Alemana Santiago, se trata de un fenómeno
no estudiado, pero latente en la realidad nacional. Por eso, vemos
especialmente en estratos socioeconómicos medios y altos,
jóvenes de 24 e incluso 27 años que, conciente o
inconscientemente se niegan a tomar el toro por las astas; pololean
eternamente sin casarse, no pasan los ramos de susto a enfrentarse
al mundo y no saber qué hacer, algunos ni siquiera piden
trabajo porque la cosa está tan mal... y otros
trabajan como enfermos porque tienen que juntar mucho dinero ¿para
qué? No importa.
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CONTRA
LA CORRIENTE
La
especialista afirma que para los padres es muy difícil
ir contra la corriente porque es necesario ser poderosos
internamente y reconocer en uno verdaderos valores como
la honestidad, solidaridad, espiritualidad y justicia. Aquí
se incluye ser capaces de postergar las satisfacciones materiales
de los hijos -no te lo voy a dar aunque pueda-,
enseñar a ahorrar porque no debemos gastar todo lo
que ganemos y aprender a vivir con austeridad.
Para
eso se requiere educar para ser mejores personas y no sólo
para tener un mejor rendimiento escolar y universitario,
para luego ser un profesional más exitoso.
También rescata la importancia de la identificación
cultural con lo propio, desde la historia, identidad hasta
el carácter contando nuestros logros y desaciertos
como cultura.
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Detrás
de esta situación la psiquiatra distingue dos factores:
Son muchos los elementos que influyen en este tema y estos
corresponden a observaciones empíricas. La imagen que los
jóvenes perciben de sus mayores es que los adultos lo pasan
mal; trabajan todo el día, están siempre cansados
y discuten mucho. Uno le pregunta a los niños sobre sus
proyectos y no hablan de casarse, por ejemplo. Por otro lado,
vivimos un cambio sociológico importante en nuestro país.
El boom económico, modificó la calidad de vida en
todos los niveles. Ese desarrollo económico no estuvo de
la mano del de la cultura y valores, dos elementos claves. Los
adultos entraron en este sistema, muchas veces gastando más
de lo que podían o debían. El tener cobra más
importancia, se crea una gran distancia entre el ser y el parecer,
característica propia de los chilenos. Entonces, los adultos
se transforman en un mal ejemplo a seguir para los jóvenes.
Se habla de quiero darle todo a mis hijos, que no le falte nada,
pero sólo en términos materiales. Como los jóvenes
de hoy lo han tenido todo, incluso antes de necesitarlo, tienen
poca capacidad de frustración.
Según
la doctora Ponce los problemas económicos han hecho necesario
mantener el sistema a costa de la familia, la pareja y poner en
riesgo los valores. Evidentemente que el desarrollo podría
haber sido muy bueno por tener comodidades, pero sabiendo priorizar.
Con valores, ahora se sabría que el dinero es algo pasajero,
pero el que yo sea honrado y generoso es per se, no depende de
la economía. Si creo que soy valioso en cuanto tengo un
gran auto y trabajo top, estoy mal.
El resultado
de todo esto es el surgimiento de algunos jóvenes desencantados
con la vida adulta, frustrados porque no se sienten capaces de
asumir lo que les toca, ya que se suponía que debía
ser fácil como el resto de la vida, y no creen poder alcanzar
el nivel de recursos de sus padres debido a que el mercado ya
cambió; no existen los sueldos que habían hace 20
años para un ingeniero comercial, por ejemplo.
Por
esto, la especialista sostiene que esta generación podría
constituiruna sociedad muy distinta a la que conocemos: Creo
que el péndulo se va a ir para otro lado, vamos a volver
a atrás. Esto traerá una sociedad diferente. Los
pasos a seguir no estarán tan estandarizado como ahora.
Seguramente habrá más gente que opte por no casarse
y otros por una vida más simple y sencilla.