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01 de Julio 2002

Inmunidad y Deporte:
LA FÓRMULA ESTÁ EN EL EQUILIBRIO

 

i bien dentro de las muchas recomendaciones que se dan para prevenir todo tipo de enfermedades está el realizar actividad física en forma constante, tomarse demasiado en serio este consejo puede producir efectos negativos en la salud. Y es que según diversos estudios, la práctica excesiva de deporte disminuye ostensiblemente las defensas de nuestro organismo.

“Los fisiólogos descubrieron que el ejercicio moderado aumenta el número de leucocitos en la sangre (glóbulos blancos), lo cual estimula al sistema inmunológico. Sin embargo, cuando la misma actividad física se realiza en forma extenuante, se produce una inhibición de las funciones de defensa. Esto incrementa el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, especialmente las del tracto respiratorio superior”, sostiene la doctora Ana María Agar, inmunóloga de Clínica Alemana de Santiago.

Y si bien esta supresión de la inmunidad puede tener consecuencias bastante nefastas -sobre todo en el caso de los deportistas profesionales, que muchas veces quedan marginados de una competencia importante-, éste es un fenómeno limitado, que no debería prolongarse por más de tres días. “A este período en que el organismo está más susceptible a contraer infecciones se le denomina “ventana abierta”, y su duración varía entre tres y 72 horas. Por eso es que como medida de precaución se recomienda a los atletas tener especial cuidado durante ese tiempo, de modo de evitar que aparezcan enfermedades repentinas”, agrega la especialista.

Según la Dra. Agar, los deportistas de elite también ven afectada su inmunidad a causa de los malos hábitos alimenticios que suelen tener, y las diversas tensiones que muchas veces deben enfrentar. “El funcionamiento apropiado del sistema inmune depende de varios factores, entre ellos, la edad, el estado nutricional, el estrés psicológico, los factores ambientales, el sueño y la herencia. En relación a los factores nutricionales, algunos atletas pueden carecer de aminoácidos -como la glutamina-, ácidos grasos esenciales, vitamina B6, ácido fólico, vitamina E y zinc, lo cual contribuye a disminuir sus funciones de defensa”.

Algunas de las estrategias que la inmunóloga entrega para prevenir las enfermedades respiratorias del tracto superior, son evitar el sobreentrenamiento, tratar de no exponerse a fuentes de infección después de una competencia -como camarines o lugares cerrados-, realizar un descanso adecuado y asegurar una buena nutrición. “En relación a este último punto, se ha estudiado la influencia de los suplementos nutricionales en la respuesta inmune posterior al ejercicio prolongado, y se ha comprobado que la ingestión de una bebida rica en carbohidratos se asocia con niveles más altos de glucosa plasmática, y menores perturbaciones en el recuento de células inmune sanguíneas. De igual modo, la administración de Vitamina C disminuye la incidencia, duración y severidad de los cuadros infecciosos que mayormente afectan a los deportistas”, asegura.

Otros consejos que a juicio de la Dra. Agar también son importantes tienen que ver con el entrenamiento mismo, y entre ellos puede destacarse el no ejercitar mientras se está con fiebre, modificar la intensidad del ejercicio si se está resfriado o con gripe, detener la actividad si aparecen mareos, náuseas o síntomas similares, y después de un cuadro infeccioso, practicar a una intensidad baja durante dos días, por cada día que se estuvo enfermo.

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