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bien dentro de las muchas recomendaciones que se dan para prevenir
todo tipo de enfermedades está el realizar actividad física
en forma constante, tomarse demasiado en serio este consejo puede
producir efectos negativos en la salud. Y es que según
diversos
estudios, la práctica excesiva de deporte disminuye ostensiblemente
las defensas de nuestro organismo.
Los
fisiólogos descubrieron que el ejercicio moderado aumenta
el número de leucocitos en la sangre (glóbulos blancos),
lo cual estimula al sistema inmunológico. Sin embargo,
cuando la misma actividad física se realiza en forma extenuante,
se produce una inhibición de las funciones de defensa.
Esto incrementa el riesgo de contraer enfermedades infecciosas,
especialmente las del tracto respiratorio superior, sostiene
la doctora Ana María Agar, inmunóloga de Clínica
Alemana de Santiago.
Y si
bien esta supresión de la inmunidad puede tener consecuencias
bastante nefastas -sobre todo en el caso de los deportistas profesionales,
que muchas veces quedan marginados de una competencia importante-,
éste es un fenómeno limitado, que no debería
prolongarse por más de tres días. A este período
en que el organismo está más susceptible a contraer
infecciones se le denomina ventana abierta, y su duración
varía entre tres y 72 horas. Por eso es que como medida
de precaución se recomienda a los atletas tener especial
cuidado durante ese tiempo, de modo de evitar que aparezcan enfermedades
repentinas, agrega la especialista.
Según
la Dra. Agar, los deportistas de elite también ven afectada
su inmunidad a causa de los malos hábitos alimenticios
que suelen tener, y las diversas tensiones que muchas veces deben
enfrentar. El funcionamiento apropiado del sistema inmune
depende de varios factores, entre ellos, la edad, el estado nutricional,
el estrés psicológico, los factores ambientales,
el sueño y la herencia. En relación a los factores
nutricionales, algunos atletas pueden carecer de aminoácidos
-como la glutamina-, ácidos grasos esenciales, vitamina
B6, ácido fólico, vitamina E y zinc, lo cual contribuye
a disminuir sus funciones de defensa.
Algunas
de las estrategias que la inmunóloga entrega para prevenir
las enfermedades respiratorias del tracto superior, son evitar
el sobreentrenamiento, tratar de no exponerse a fuentes de infección
después de una competencia -como camarines o lugares cerrados-,
realizar un descanso adecuado y asegurar una buena nutrición.
En relación a este último punto, se ha estudiado
la influencia de los suplementos nutricionales en la respuesta
inmune posterior al ejercicio prolongado, y se ha comprobado que
la ingestión de una bebida rica en carbohidratos se asocia
con niveles más altos de glucosa plasmática, y menores
perturbaciones en el recuento de células inmune sanguíneas.
De igual modo, la administración de Vitamina C disminuye
la incidencia, duración y severidad de los cuadros infecciosos
que mayormente afectan a los deportistas, asegura.
Otros
consejos que a juicio de la Dra. Agar también son importantes
tienen que ver con el entrenamiento mismo, y entre ellos puede
destacarse el no ejercitar mientras se está con fiebre,
modificar la intensidad del ejercicio si se está resfriado
o con gripe, detener la actividad si aparecen mareos, náuseas
o síntomas similares, y después de un cuadro infeccioso,
practicar a una intensidad baja durante dos días, por cada
día que se estuvo enfermo.