l viejo dicho de que la necesidad crea el órgano parece
demasiado real por estos días. Una investigación
confirmó lo representativo que es el sobrenombre La Generación
del Pulgar o Tribu del Pulgar utilizado por los jóvenes
japoneses. Expertos de la Universidad de Warwick descubrieron
que los niños que crecieron
manipulando
teléfonos móviles y consolas de juego cambiaron
la forma clásica de uso de los dedos: de los índices
pasaron a los pulgares para enviar e-mail, marcar teclas y utilizar
joystick, entre otros dispositivos.
Definitivamente
esta generación demostró que para aprovechar eficientemente
las propiedades de un celular es necesario ocupar ambos pulgares,
incluso sin mirar las teclas. Lo impresionante, según los
investigadores, que llevan años trabajando en el impacto
social de la tecnología, es que ha sucedido un cambio que
antes tardaba varias generaciones.
El doctor
Alejandro de Marinis, neurólogo de Clínica Alemana,
explica que esto se debe a una característica propia del
cerebro humano que nos permite adaptarnos al entorno y, en definitiva,
sobrevivir: La plasticidad del cerebro se expresa en tres
niveles; la sinapsis -conexión entre neuronas- se hace
más rápida, por ejemplo, que los niños muevan
sus pulgares con destreza y rapidez; la capacidad de establecer
nuevas conexiones, lo que ayuda a realizar mejor una tarea; y
el uso de zonas del cerebro para otras actividades según
los requerimientos.
El doctor
de Marinis cuenta de casos de niños que han perdido un
hemisferio completo de su cerebro y el otro ha asumido completamente
las funciones del faltante. "Incluso nos ha tocado conocer
adultos con un desarrollo completamente normal, en los que se
descubre por casualidad en un escáner cerebral, la ausencia
prácticamente completa de un hemisferio cerebral, cosa
que había pasado completamente desapercibida".
Estos
fenómenos de plasticidad cerebral se manifiestan en los
casos de infartos o hemorragias cerebrales, permitiendo la recuperación
de funciones que eran previamente ejecutadas por las zonas lesionadas.
Este tipo de cambios ha sido demostrado en monos a los cuales
se les secciona el pulgar y la zona dedicada a éste en
la corteza cerebral es invadida por los otros dedos. Estas
experiencias demuestran que el cerebro se desarrolla de acuerdo
a estímulos, pero siempre dentro de un límite,
sostiene el neurólogo.
La plasticidad
cerebral se manifiesta principalmente durante la etapa de mayor
desarrollo del hombre, del nacimiento a los cinco años.
Después se va perdiendo paulatinamente sin desaparecer
nunca del todo, cuestión que está determinada en
nuestra información genética.
A pesar de
lo gráfico que parece el caso de la Tribu de Pulgar, el
doctor de Marinis afirma que nuestra evolución no está
basada en estos cambios. El desarrollo del lenguaje, implicó
un cambio importantísimo para el hombre, al igual que la
necesidad de potenciar las capacidades visuo-espaciales para cazar
animales y defenderse. En estos casos, desarrollar estas habilidades
se transformó en una ventaja selectiva, es decir, aquellos
que las poseían tenían mayores probabilidades de
reproducirse y a la larga toda la especie pasó a tener
éstas características.
Pero manejar
el pulgar con destreza no aparenta ser una ventaja evolutiva,
según el neurólogo. Por mucho que la nuevas
generaciones utilicen mejor sus pulgares, no parece probable que
esto llegue a traducirse en una tasa de reproducción mayor".
En este sentido quizás la resistencia al "stress"
pueda llegar a transformarse en una ventaja mayor, pero ésta
sigue siendo una cuestión abierta.