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15 de Julio 2002

Plasticidad del Cerebro:
DEL ÍNDICE AL PULGAR, DE LOS DIBUJOS AL LENGUAJE

 

l viejo dicho de que la necesidad crea el órgano parece demasiado real por estos días. Una investigación confirmó lo representativo que es el sobrenombre La Generación del Pulgar o Tribu del Pulgar utilizado por los jóvenes japoneses. Expertos de la Universidad de Warwick descubrieron que los niños que crecieron manipulando teléfonos móviles y consolas de juego cambiaron la forma clásica de uso de los dedos: de los índices pasaron a los pulgares para enviar e-mail, marcar teclas y utilizar joystick, entre otros dispositivos.

Definitivamente esta generación demostró que para aprovechar eficientemente las propiedades de un celular es necesario ocupar ambos pulgares, incluso sin mirar las teclas. Lo impresionante, según los investigadores, que llevan años trabajando en el impacto social de la tecnología, es que ha sucedido un cambio que antes tardaba varias generaciones.

El doctor Alejandro de Marinis, neurólogo de Clínica Alemana, explica que esto se debe a una característica propia del cerebro humano que nos permite adaptarnos al entorno y, en definitiva, sobrevivir: “La plasticidad del cerebro se expresa en tres niveles; la sinapsis -conexión entre neuronas- se hace más rápida, por ejemplo, que los niños muevan sus pulgares con destreza y rapidez; la capacidad de establecer nuevas conexiones, lo que ayuda a realizar mejor una tarea; y el uso de zonas del cerebro para otras actividades según los requerimientos.”

El doctor de Marinis cuenta de casos de niños que han perdido un hemisferio completo de su cerebro y el otro ha asumido completamente las funciones del faltante. "Incluso nos ha tocado conocer adultos con un desarrollo completamente normal, en los que se descubre por casualidad en un escáner cerebral, la ausencia prácticamente completa de un hemisferio cerebral, cosa que había pasado completamente desapercibida".

Estos fenómenos de plasticidad cerebral se manifiestan en los casos de infartos o hemorragias cerebrales, permitiendo la recuperación de funciones que eran previamente ejecutadas por las zonas lesionadas. Este tipo de cambios ha sido demostrado en monos a los cuales se les secciona el pulgar y la zona dedicada a éste en la corteza cerebral es invadida por los otros dedos. “Estas experiencias demuestran que el cerebro se desarrolla de acuerdo a estímulos, pero siempre dentro de un límite”, sostiene el neurólogo.

La plasticidad cerebral se manifiesta principalmente durante la etapa de mayor desarrollo del hombre, del nacimiento a los cinco años. Después se va perdiendo paulatinamente sin desaparecer nunca del todo, cuestión que está determinada en nuestra información genética.

A pesar de lo gráfico que parece el caso de la Tribu de Pulgar, el doctor de Marinis afirma que nuestra evolución no está basada en estos cambios. “El desarrollo del lenguaje, implicó un cambio importantísimo para el hombre, al igual que la necesidad de potenciar las capacidades visuo-espaciales para cazar animales y defenderse. En estos casos, desarrollar estas habilidades se transformó en una ventaja selectiva, es decir, aquellos que las poseían tenían mayores probabilidades de reproducirse y a la larga toda la especie pasó a tener éstas características.”

Pero manejar el pulgar con destreza no aparenta ser una ventaja evolutiva, según el neurólogo. “Por mucho que la nuevas generaciones utilicen mejor sus pulgares, no parece probable que esto llegue a traducirse en una tasa de reproducción mayor". En este sentido quizás la resistencia al "stress" pueda llegar a transformarse en una ventaja mayor, pero ésta sigue siendo una cuestión abierta.

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