
aminar
en dos pies no ha sido del todo beneficioso para el hombre, ya
que desde que se transformó en bípedo y se alejó
de sus antepasados animales, apareció el problema del varicocele.
“Cuando
la enfermedad se ha diseminado en el testículo, éste
se retrae quedando más pequeño que su compañero”.
Así se describía esta patología en la antigua
Grecia.
Esta otrora
explicación no dista mucho de lo que se entiende en la
actualidad por el varicocele, ya que se define como una dilatación
de las venas espermáticas (várices) a nivel escrotal,
que puede producir alteraciones en la función gonadal como
en el tamaño testicular.
Extrañamente,
esta hinchazón se manifiesta de preferencia en el testículo
izquierdo, por razones anatómicas.
Según
el urólogo de Clínica Alemana de Santiago Gustavo
Larach, esta alteración del flujo sanguíneo provocaría
“hipertermia (aumento de la temperatura), hipoxia testicular
(menor oxigenación del testículo), reflujo de sustancias
tóxicas desde el riñón y/o disfunción
hormonal, lo que genera un deterioro en la calidad de los espermios,
ya sea en su número, movilidad y/o incluso en su forma”.
Lo grave de
la situación es que cualquiera de estas tres causas puede
provocar infertilidad y, por tanto, problemas de concepción.
De hecho, se estima que el 15% de la población presenta
esta anomalía y que más del 50% de los hombres infértiles
tiene varicocele.
Pero
no hay de qué alarmarse, ya que el varicocele no es sinónimo
de operación y sólo en la minoría de los
casos es necesario una intervención quirúrgica,
la cual es sencilla y requiere sólo de entre 12 y 24 horas
de hospitalización, como explica el doctor Larach. Ésta
consiste “en ligar la vena espermática, vía
inguinal o inguinal alta, para impedir el reflujo, obligando al
drenaje venoso testicular a ir por territorios colaterales”,
dice el especialista.
La decisión
de operar se basa en el nivel de alteración de los espermios,
el tamaño testicular o la severidad del varicocele. Este
último criterio, se aplica especialmente en pacientes muy
jóvenes.
Habitualmente
esta patología se manifiesta a partir de la adolescencia,
aunque con mayor frecuencia se da en jóvenes de entre 15
y 25 años.
Rara vez el
varicocele se presenta con dolor o con sensación de peso
en la zona testicular, por lo que su presencia se puede evidenciar
en dos instancias: cuando el paciente nota un aumento de su volumen
escrotal o mediante un examen urólogico de rutina.
No se puede prevenir, ya que inciden factores genéticos
en su desarrollo. Por eso el doctor señala que es necesario
desmitificar lo que rodea a esta enfermedad, como por ejemplo
que la ropa tiene incidencia, ya que usar prendas muy ceñidas
o sueltas al cuerpo no tiene ninguna relevancia.
Lo que sí
se puede hacer es practicar palpación en la zona testicular,
como forma de detección temprana.