
as
recetas familiares y la cantidad de comida en los platos pueden
transformarse en un problema cuando la pareja comienza a compartir
la mesa, por lo que antes de discutir sobre gustos y porciones,
hay que tener claro que hombres y mujeres comen distinto, acorde
a sus necesidades calóricas.
En una pareja
promedio, entre 25 a 60 años y que no realiza actividad
física, la mujer debe consumir entre 1.600 a 1.800 calorías
diarias, mientras que en el hombre el requerimiento aumenta entre
2.000 o 2.400.
Esta diferencia
no está determinada por el sexo, sino por la condición
física y la masa muscular. Así, el hombre necesita
más alimento porque requiere una mayor cantidad de calorías,
debido a que tiene un gasto metabólico mayor, pues posee
más músculo y menos grasa. Contrariamente, la mujer
tiene una composición corporal con más grasa, menos
músculo y por tanto, menos gasto calórico.
Esta disparidad
se explica por características genéticas y hormonales
que, como señala la nutrióloga de Clínica
Alemana de Santiago doctora Carolina González, “condiciona
que la grasa se reparta en distintas partes del cuerpo”.
También
sostiene que en el país aumentó el consumo de comida
chatarra y dulces. Es decir, la pareja se alimenta de comidas
más densas calóricamente y con mayor contenido de
grasas y azúcares. En la actualidad, “la
situación es tremendamente dañina para la salud.
La dieta que tenemos no es saludable”.
Además,
agrega que “la obesidad ha aumentado significativamente
en la población, ya que está más sedentaria.
Esto puede desembocar en enfermedades crónicas como la
diabetes, hipertensión arterial y apnea del sueño,
entre otras”.
A
comer se ha dicho…
Entonces,
se debe planificar la alimentación en el hogar en base
a una dieta saludable, variada y balanceada que satisfaga a ambos
sexos.
La propuesta
que hace la doctora González es un planteamiento básico
que cada persona debe regular acorde a su gasto energético
y que contenga todos los componentes requeridos para satisfacer
las demandas del cuerpo.
Es importante
comer al menos tres a cuatro veces al día. En el desayuno
hay que consumir leche, yogurt, cereales o pan, palta, jamón,
proteínas, quesillo bajo en grasas y/o frutas. Hay que
evitar los excesos, especialmente algunos productos como tocino,
queso, mantequilla, queques o tortas.
Para el almuerzo
se recomiendan proteínas (carnes blancas, rojas, pescados
y huevos), verduras (tratar de que sean variadas, ya que mientras
más colorido un plato, mejor), cereales (arroz, legumbres,
fideos, entre otros) y frutas (que el postre no sean platos preparados
como mousse, arroz con leche).
Para la once
es bueno comer lo mismo que al desayuno, y en la cena, similar
al almuerzo, aunque en menor cantidad.
La diferencia
se debe hacer a la hora de servir las porciones en los platos.
Por ejemplo, el trozo de carne que come el hombre tendrá
que ser más grande que el de ella. Es decir, lo esencial
es regular lo que se requiere comer acorde al gasto calórico
diario. Esto se puede manejar con una dieta como la antes expuesta.
Sin embargo,
la doctora González enfatiza que si se necesita una orientación
más personalizada para saber cuánto comer acorde
a lo que se gasta, “hay que evaluarlo midiendo su metabolismo,
actividad física y así proponer una dieta según
sus propios requerimientos.”