
uando
un hombre recibe la noticia de que va a ser padre, su actitud
ante la vida cambia y empieza a involucrarse en el embarazo. Esta
participación varía dependiendo de múltiples
factores que van a incidir directamente en su rol durante la gestación
del futuro hijo.
“Si
es un embarazo deseado o no, si es el primer hijo o ya ha vivido
este proceso antes -aunque cada embarazo puede ser una experiencia
distinta- y si la gestación es normal o presenta alguna
patología”, son algunas de las situaciones que condicionan
la actitud paterna, según la psiquiatra de Clínica
Alemana, Ana María Martini.
Agrega que
además del contexto del embarazo mismo pueden incidir otros
factores como “la experiencia de su crianza o modelo paterno
recibido por su progenitor, la calidad de la relación de
pareja, así como la normalidad de la estructura psicológica
del futuro padre. Por ejemplo, un hombre con rasgos de carácter
que lo hacen centrarse en satisfacer prioritariamente sus necesidades,
le dificultaría desarrollar este rol que implica mucha
entrega personal”.
De esta forma,
dependiendo de los rasgos de carácter y personalidad, para
la doctora Martini en un caso normal, “la actitud del padre
es de cuidado, apoyo, felicidad y preocupación por lo que
viene, es decir cómo se comportará y qué
va a significar este cambio en su vida”.
Sin
duda, durante los nueve meses el progenitor experimenta emociones
y sentimientos e incluso, en ciertos casos, puede presentar síntomas.
“Efectivamente algunos sienten náuseas, cansancio,
molestias abdominales y hasta aumentan de peso”, asegura
la especialista.
Aunque no
hay teorías científicas al respecto, existen diversos
estudios que han descrito este cuadro denominándolo Síndrome
de Couvade o de Empollamiento, el cual afecta al 10%
de los hombres.
Muchos pensarán
que esta alteración es propia de los nuevos tiempos, sin
embargo, ya en las primitivas culturas agrícolas de tipo
amazónico y de Asia suroriental, los hombres presentaban
el síndrome como un acto para proteger al recién
nacido de maleficios, tratando de engañar a los malos espíritus
asumiendo el papel de la mujer, apropiándose física
y psicológicamente de sus síntomas, sintiendo dolores
e incluso angustiándose e imitando las características
típicas de un parto.
“Me
sentía muy mal”
Durante
los primeros meses de embarazo, Pedro Montes sufrió náuseas,
vómitos y antojos. “Me levanté en la noche
a cocinar pan amasado, porque tenía muchas ganas de comer.
También una vez tuve que pedir permiso en el trabajo para
retirarme antes, ya que me sentía pésimo”.
Múltiples
son las teorías que explican estas conductas, pero la doctora
Martini hace alusión a la explicación de las feromonas.
“El cuerpo de la mujer experimenta cambios, expeliendo hormonas
que él capta, lo que transmitiría señales
al cuerpo del hombre y le provocaría alteraciones hormonales”.
Más
concretamente, en él se disminuiría la testosterona
y aumentaría la prolactina, lo que haría al hombre
menos agresivo y más estable, preparándolo para
la paternidad.
Aunque también
“la manifestación de síntomas que está
teniendo el varón, pueden ser reacciones angustiosas frente
al embarazo y a la paternidad que pronto asumirá”,
argumenta la psiquiatra.
Frente
a esta anomalía, la mujer puede reaccionar con molestia,
porque a él no le corresponde enfermarse sino estar preocupado
de ella, mientras que otras lo toman como un modo simpático
de sentir que su pareja está compartiendo lo que le pasa.
Sobre la futura
relación padre e hijo la doctora supone que “si un
hombre se compromete de esta forma durante el embarazo, se debería
esperar que tuviera una mejor paternidad y mayor compromiso en
su cuidado posterior. Aunque también en el extremo, podría
presumirse que fuera demasiado aprehensivo”.
Lo único
concreto es que el padre está cada vez participando más
durante el embarazo. Acude a los controles con su mujer, asiste
al parto y toma de decisiones.
¡Feliz Día
Papá!