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sueño de la mayoría de las personas es tener un
cutis terso y sin manchas. Sin embargo, no hay porque inquietarse,
ya que hoy existen una serie de tratamientos para atenuar esas
zonas disparejas del rostro.
La dermatóloga Bernardita Lorca explica que las lesiones
más frecuentes son los léntigos,
alteraciones muy pequeñas y de color café que aparecen
en la cara y el dorso de las manos. “Se denominan léntigos
solares cuando obedecen a una exposición intensa a la luz
ultravioleta, lo que produce que aumente la síntesis de
melanina en la piel, como una forma de protegerse de los rayos”.
También existen léntigos seniles, los que aparecen
en adultos mayores.
Este mal afecta más a hombres que a mujeres, sobre todo
a los que trabajan o practican deportes al aire libre. Se empieza
a notar recién a los 40 años, independiente del
color del cutis.
Además
del problema estético, la doctora aclara que los léntigos
pueden ser lesiones precursoras de melanoma maligno. Por este
motivo si comienzan a crecer rápidamente, están
muy pigmentados, producen picazón o sangran, es importante
consultar en forma precoz a un dermatólogo.
Los melasmas
son otro tipo de manchas café en el rostro, ubicadas principalmente
en las mejillas y, en menor medida, en la frente, nariz y mentón.
Surgen sobre todo en mujeres embarazadas y en aquéllas
que usan anticonceptivos orales. Estas alteraciones obedecen a
la acción de estrógenos y la exposición a
la luz ultravioleta. Habitualmente se originan en pieles morenas
y la consulta al especialista es más bien de tipo cosmético,
ya que no son peligrosas.
También aparecen al ingerir ciertos medicamentos fotosensibilizantes
que hacen que el cutis esté más delicado a la radiación
ultravioleta y se manche.
En tanto, las pecas o efélides
aparecen principalmente por factores genéticos y por la
exposición a los rayos solares. Las personas con pieles
sensibles tienen una mayor cantidad de ellas en su rostro y deben
cuidarse aún más.
¿Cuáles
son los tratamientos?
Para
atenuar las manchas de la cara lo más importante es el
uso diario, incluso, en invierno, de un filtro solar sobre 15,
para las personas que viven en la ciudad y trabajan en lugares
cerrados. El factor debe subir a 30 cuando hay una exposición
mayor al sol, ya sea en el campo, la playa o la nieve.
En las
noches es necesario aplicar en el rostro sustancias despigmentantes,
en crema, loción o gel, según el tipo de piel. “El
ácido glicólico, el ácido láctico
y el ácido tricloroacético, son despigmentantes
que actúan produciendo una exfoliación en el cutis.
Asimismo, los de la familia del ácido kojico, del arbutin
y de la hidroquinona actúan frenando la síntesis
de melanina por parte del melanocito”, dice la especialista.
Añade
que la tendencia actual es combinar diversos elementos y formularlos
en distintas concentraciones, ya que no todas las pieles tienen
las mismas características ni se obtienen los mismos resultados.
En general, son tratamientos que duran más de un año
y, una vez finalizados, se requiere mantención para que
las manchas no reaparezcan.
Este
procedimiento se puede complementar con sesiones de peeling químico,
cada tres o cuatro semanas, o con láser Medlite, donde
luego de transcurridos dos meses de la primera sesión se
decide si es necesario hacer una segunda.
Además
de lo anterior, para atenuar los efectos de los melasmas, es recomendable
que las mujeres afectadas cambien el método anticonceptivo.
Asimismo, aquéllas que están embarazadas tienen
que acentuar la protección solar y tener especial atención
a la hora de utilizar sustancias despigmentantes ya que algunas
pueden ser nocivas para el feto, como los ácidos retinoicos.
¿Por
qué deben realizarse estos procedimientos en invierno?
Para evitar que se produzca algún tipo de irritación
de la piel, como una hiperpigmentación post inflamatoria,
producto del contacto de la zona irritada con el sol. Es importante
destacar que el procedimiento va a depender del tipo o de la cantidad
de manchas que tenga la persona y de si son superficiales o profundas.