Por
muy extraña que parezca esta enfermedad, el especialista
sostiene que en Chile se estima que existen entre 4.000 y 12.000
casos diagnosticados.
Como
un volcán a punto de hacer erupción
Generalmente
antes de los 15 años se inician los síntomas, que
muchas veces pasan inadvertidos, ya sea porque su complejidad
hace difícil creer que sean realmente involuntarios o porque
los afectados pueden controlar parcialmente sus movimientos.
“A algunos
no les creen, mientras que a otros los tics les importan poco
y no les complican. Sin embargo, si son severos, molestan y les
afecta en su vida, por lo que tienen que tomar medicamentos, como
bloqueadores de la dopamina”, señala el doctor Chaná.
Un diagnóstico
oportuno y acertado es la base para enfrentar esta enfermedad.
De hecho, pueden presentarse problemas conductuales que suelen
ser peores que el síndrome, ya que causan daño psicológico.
Las obsesiones
compulsivas son las ideas persistentes y repetitivas que causan
angustia como, por ejemplo, revisar una y otra vez que las luces
estén apagadas o lavarse las manos en forma reiterativa,
pensando que están sucias.
También,
algunos niños con Tourette, presentan síndrome de
déficit atencional asociado o no a hiperactividad y en
menos casos se evidencian trastornos del sueño.
Sin
embargo, los pacientes tienen la misma expectativa de vida que
un sujeto normal, asimismo su inteligencia no es menor, puesto
que esta patología no es progresiva ni degenerativa.
Se estima
que las personas con Tourette presentan una marcada mejoría
en la adolescencia o en los primeros años de la segunda
década, pero mientras la enfermedad se les presenta, los
movimientos involuntarios, desordenados y reiterativos, sumado
a la vociferación de palabras o exabruptos sin sentido,
hacen que “la gente con Tourette defina esta sensación
como un volcán, ya que pueden inhibir el tic sólo
transitoriamente, pero nuevamente vienen ganas, las que se acumulan
hasta explotar”, señala el especialista.