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simple hormigueo en los manos y piernas, muchas veces asociado con
dolor, es el primer síntoma de Guillian Barré, un
síndrome de baja frecuencia y poco conocido por los pacientes.
Luego, en
el transcurso de horas o días, al hormigueo se le asocia
debilidad en las extremidades y potencialmente, en los músculos
de la cara.
Los síntomas
son definidos por el doctor Mario Campero, neurólogo de
Clínica Alemana de Santiago, como “una falta de fuerza
rápidamente progresiva, pues a los pacientes les cuesta
moverse, caminar, levantarse y hacer cosas finas con las manos.
Incluso, pueden llegar a presentar una debilidad del diafragma
y de los músculos respiratorios, que habitualmente es la
etapa más severa de la enfermedad”.
El síndrome
es de naturaleza autoinmune, pues ataca a la mielina, que es la
capa aislante que recubre los nervios. Ésta se daña
y provoca que los impulsos nerviosos no se pueden transmitir,
lo que paraliza los músculos.
El síntoma
fundamental de Guillian Barré es la debilidad, y el hormigueo
suele pasar desapercibido porque es un síntoma frecuente
y como es menor, los pacientes no le dan mucha importancia.
“Es
una enfermedad rara, pero no es complicado su diagnóstico.
En las etapas iniciales se confunde con otras afecciones como
cansancio, estrés y trastorno de ánimo. Porque tener
hormigueo y dolor es sumamente usual”.
Esto provoca
que pocas veces se consulte en forma inmediata, ya que la persona
que padece este mal atribuye sus síntomas a otras enfermedades
y sólo cuando empieza a aparecer la debilidad acude al
especialista.
Aunque
es raro y potencialmente grave, este síndrome tiene un
buen pronóstico. “Actualmente, la expectativa de
vida de un Guillian Barré es muy parecida a la que tiene
la población normal, gracias a la existencia de las Unidades
de Cuidados Intensivos y los respiradores artificiales. En cambio,
30 años atrás los pacientes se morían”,
sostiene el especialista.
El tratamiento
apropiado puede ser plasmaféresis (recambio de plasma)
o el uso de inmunoglobulina intravenosa en altas dosis. Ambos
mejoran el tiempo de recuperación, disminuyen la estadía
en el centro hospitalario y, por último, la mortalidad.
Estos procedimientos
sólo se aplican a pacientes con “una debilidad tan
grande que pierden la capacidad de deambular o se presupone que
están prontos a caer en esa condición”, asegura
Campero.
Añade
que existe un caso de Guillian Barré por cada cien mil
personas. En la mayoría, la enfermedad es benigna y sólo
un 20% de los pacientes queda con secuelas motoras irreversibles.
De hecho, en casos severos, puede generar una atrofia o imposibilidad
para caminar en forma permanente.