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22 de julio 2004

 
Impétigo Contagioso:
ESAS MOLESTAS LESIONES EN LA PIEL DE LOS NIÑOS
 

n niño se levanta en la mañana, se mira al espejo y ve algo extraño en su rostro. Lo que antes eran pequeñas manchas rojas, ahora se han trasformado en costras de color amarillento. Se trata de la enfermedad impétigo contagioso, patología altamente transmisible, que afecta principalmente a menores de cinco años.

El dermatólogo pediátrico de Clínica Alemana de Santiago Winston Martínez explica que esta enfermedad “es una variedad de la piodermia, es decir, de una infección de la piel que se produce por la proliferación de gérmenes productores de pus, principalmente por estreptococo y estafilococo”.

Esta afección hace que surjan manchas o máculas rojas que posteriormente generan pequeñas ampollas o vesículas, que crecen y forman costras de color amarillento, para luego pasar a un tono rojo grisáceo, principalmente en el rostro, en la zona peri nasal, bucal y auricular.

El impétigo surge principalmente en preescolares, sobre todo en aquellos que presentan una inmunidad de tipo celular alterada o que son atópicos, vale decir, que sufren de asma bronquial o de romadizo alérgico.

No obstante lo anterior, el especialista destaca que el factor gatillante de este mal es la convivencia en espacios estrechos. En otras palabras, si un niño presenta una pequeña herida en la piel, ésta puede servir de entrada para los gérmenes, lo que en un ambiente relativamente aislado no es tan grave, pero cuando hay muchos menores jugando y viviendo unos cerca de otros, y uno es portador, entonces es más fácil que los pequeños se contagien entre sí.

La enfermedad puede surgir en menor medida en lactantes. En ellos se manifiesta con ampollas más grandes o que abarcan una mayor superficie, y se denomina impétigo estafilococo, buloso o del recién nacido. “Éste surge alrededor de la nariz, los ojos o el ombligo. Muchas veces lo contagia la persona que cuida al niño que es portadora de estafilococo. Por esto ellas deben tener un aseo prolijo para la manipulación de estos pequeños”, aclara.

 
 

PREVENCIÓN

- Aseo prolijo

- Evitar el hacinamiento

- Estar atento a las menores manifestaciones de esta enfermedad y concurrir al pediatra o al dermatólogo.

¿Cuáles son los tratamientos?
El dermatólogo explica que lo primero es realizar un diagnóstico diferencial que descarte otras enfermedades dentro de las patologías ampollares, como las autoinmunes, las infecciones virales como el herpes simple, el hongo o la tiña, entre otras.

Además, se debe evaluar si el menor presenta alguna enfermedad que predisponga el impétigo, como la sarna o los piojos a nivel del curo cabelludo, que dado el prurito que causa, puede generar molestas picazones y lesiones que sean la puerta de entrada para estos gérmenes.

Ahora bien, para realizar el tratamiento lo primero es evaluar a cada paciente en particular, analizar cuál es su inmunidad y también cuál es la posibilidad de las madres o de las tías en el jardín infantil de ayudar en el proceso curativo.

El especialista explica que cuando hay pocas lesiones se puede realizar un procedimiento local con cremas de alta especificidad, las que contienen productos activos como la mupirocina y el ácido fusidico. Previamente se debe retirar la costra para que penetre mejor el producto y se humecte la zona. Estas lociones se deben aplicar dos o tres veces al día por una semana. Si el impétigo es más complicado, hay que tratarlo con antibioterapia oral.

Además, si el niño presenta mucho prurito es recomendable tratar de disminuirlo, para que no se autocontagie en regiones distantes del cuerpo.

“En la actualidad en raras ocasiones puede haber complicaciones renales o cardiovasculares, lo que ocurría con mayor frecuencia en años pretéritos”, concluye el doctor Winston Martínez.

 
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