Me
va a doler?, ¿qué me va a pasar?, ¿cuándo
me voy a la casa?, ¿por qué dejan que me hagan esto?,
son algunas de las preguntas más comunes que hacen los
niños cuando van a ser sometidos a una operación
en un establecimiento médico.
La psicóloga
de Clínica Alemana de Santiago, Loreto Focacci, explica
que a la hora de responder estas interrogantes los padres deben
tener presente la edad del pequeño y su personalidad. En
el caso de los menores de entre tres y siete años hay que
destacar que ellos tienden a un pensamiento más concreto
y que en su mente se pasan muchas fantasías. Por esto es
aconsejable que la mamá y el papá en conjunto le
digan explícitamente qué es lo que les va a pasar,
pero sin proporcionar demasiados detalles.
Lo ideal es
emplear un lenguaje que contenga palabras sencillas y que no sean
técnicas. También es importante no exagerar y tratar
de contar lo que el menor quiere saber.
Asimismo,
es recomendable no explicarle con mucha anticipación lo
que le va a suceder; la semana anterior al procedimiento es ideal
para empezar a prepararlo y aclararle de a poco el procedimiento.
Seguramente
muchos padres tienden a angustiarse a la hora de analizar qué
es lo que deben o no contarle a su hijo. "En estos casos
les sugiero devolverle la pregunta al niño para que él
plantee sus propias interrogantes. Y luego se le puede decir:
'¿quieres saber algo más? o ¿qué te
imaginas que te van a hacer?'. Y, con sus respuestas, pueden ir
aclarando la historia para que el menor comprenda la situación",
señala la psicóloga.
¿Qué
hacer con los niños mayores?
La especialista menciona que "si el niño ya tiene
entre 8 y 13 años, los padres le pueden contar un poco
más. Es aconsejable que vayan juntos a conversar con el
médico, sobre todo, porque hoy un menor de esa edad tiene
un acceso mayor a la información, por ejemplo a través
de Internet, y puede saber de qué se trata la intervención
y cuáles son los efectos secundarios".
También
se les debe preguntar qué dudas tienen; explicarles cuánto
tiempo es esperable que estén internados en la Clínica;
en qué va consistir su estada; y qué elementos se
van a utilizar, entre otros.
Periodo
postoperatorio
Cuando el pequeño sale de pabellón está sedado,
y en la mayoría de los casos despierta desorientado. "Entonces,
con palabras muy sencillas, los padres deben volver a decirle
que 'lo operaron, que a lo mejor se va a sentir mal, pero que
esto es para curarse'. Y hay que dejarle claro que esta situación
no es una agresión, ya que la mayoría de los niños
tienden rápidamente a pensar que lo que están viviendo
es culpa de los padres", destaca Loreto Focacci.
Enfermedades
prolongadas
Cuando las patologías son más largas o crónicas,
por ejemplo, enfermedades oncológicas o diabetes, es importante
que el menor en conjunto con sus padres sea educado por personal
especializado sobre en qué consiste su afección
y cómo se realizan los tratamientos.
La especialista
señala que en operaciones más complicadas, los papás
deben realizar un trabajo diario de esclarecimiento, ya que los
niños se cuestionan diariamente las cosas. Cuando los pequeños
quedan con muchas molestias tras la cirugía, es necesario
explicarles que 'el dolor es lo menos malo, ya que haber dejado
la enfermedad en el organismo podría haber sido mucho más
complicado'.
"Sin
embargo, también es importante no hablar todo el día
de su patología. Hay que conversar de otras materias más
banales, como de los dibujos animados, de lo que podría
comer y, sobre todo, regalonearlo", concluye la especialista.