ara
la mayoría de las personas la playa y la piscina son
sinónimos de vacaciones, relajo y diversión.
Sin embargo, hay unos pocos que con sólo pensar en lugares
como éstos sufren crisis de angustia y malestar general,
porque no toleran estar cerca de grandes cantidades de agua.
Ellos padecen hidrofobia, que consiste en un irracional y compulsivo
miedo a este líquido.
De acuerdo
con la doctora Patricia Rentaría, psiquiatra de Clínica
Alemana de Santiago, esta patología puede originarse
por una experiencia negativa con el agua, pero también
por ciertos factores genéticos y ambientales que predisponen
al temor.
"No siempre es indispensable que haya un trauma para que se desarrolle una
fobia. Todos tenemos una memoria ancestral y genética con miedos que son
inherentes al ser humano. Pese a esto, hay personas que son más susceptibles
a desarrollarlos, debido a su personalidad o a factores ambientales. Por ejemplo,
los niños con familias sobreprotectoras o con padres ansiosos que los
contagian".
La especialista
explica que para hablar de fobia, es necesario que el temor
al agua sea de tal intensidad que el individuo se sienta limitado
por esta situación, ya que el sólo hecho de acercarse
a grandes cantidades de agua lo inmoviliza.
"Incluso
hay personas que ni siquiera pueden meterse a la tina, pero
son casos extremos y aislados, que se dan principalmente en
pacientes que tienen asociada otra patología, como el
trastorno de pánico", explica la especialista.
Buen
pronóstico
Las manifestaciones del miedo son diferentes dependiendo de la edad.
Mientras un adulto es capaz de darse cuenta de la irracionalidad de
su temor, los más pequeños no tienen conciencia de su
problema, por lo tanto, suelen reaccionar de forma mucho más
descontrolada.
Sin embargo,
la doctora Rentaría aclara que en "el caso de los
niños no se habla de fobia, porque hasta los tres años
hay una mayor predisposición a desarrollar temores los
cuales se van delimitando con el tiempo. Por lo tanto, sólo
a mayor edad es posible establecer un diagnóstico preciso".
En cuanto
al tratamiento, explica que las fobias específicas,
como la hidrofobia, tienen generalmente un buen pronóstico
si se manejan de manera adecuada. Para ello se utiliza psicoterapia
cognitivo-conductual, ya que no se han encontrado fármacos
para este tipo de patología.
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FOBIAS
Fobia significa "miedo a" y se refiere a
un temor irracional y compulsivo a alguien o a algo.
De acuerdo con la doctora Patricia Rentaría
esta afección ocupa el tercer lugar en cuanto
a prevalencia dentro de las patologías psiquiátricas. "Hay
estudios que demuestran que las fobias específicas
afectan hasta el 11% de la población",
sostiene la especialista.
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Cuando se
trata de niños, se trabaja con los padres para que lo
apoyen en el tratamiento, instándolos a que eviten conductas
aprensivas o ansiosas que fomentan los miedos del menor. Además,
se realiza una desensibilización sistemática
que consiste en exponer al pequeño paulatinamente al
agua, empezando con una pequeña piscina de juguete.
Una vez que se familiarice totalmente con este juego, se pasa
a una piscina más grande y se repite el proceso.
"Es
fundamental que durante la terapia el niño siempre esté acompañado
de un familiar de mucha confianza que no sea ansioso, para
que se sienta protegido", explica la especialista.
En cambio,
en el adulto se utilizan técnicas de relajación
y se le pide que imagine que se acerca al agua. Después
de varias sesiones, se intenta con la exposición real
a este elemento.
De acuerdo a la especialista, estos procesos pueden tomar un periodo
variable de tiempo, desde unas pocas semanas hasta meses. "Esto
depende de la intensidad de la patología y de las características
de su personalidad y de la familia. Además, es fundamental,
la responsabilidad, constancia y motivación del paciente",
concluye.