Todas las personas saben que saldrán en algún minuto de la casa de sus padres. Sin embargo, muchos ignoran que tal vez deberán recibir a sus progenitores cuando hayan conformado su propio hogar.
Eric Blake, geriatra de Clínica Alemana de Santiago, explica que cuando los adultos mayores "no pueden resolver las actividades básicas de su vida diaria, es decir, bañarse, vestirse, acudir al baño o alimentarse por sí mismos, entonces es necesario que dejen de vivir solos y que se los atienda de manera constante", ya sea por medio de una cuidadora en su propia casa, en un hogar de ancianos o en la vivienda de sus hijos.
Esta última situación debe ocurrir siempre y cuando al adulto mayor se lo reconozca como un familiar más dentro de la casa y no crea que se le hace un favor. Que se admita que está ahí por una "conveniencia mutua de afecto y cariño", para que no se sienta endeudado permanentemente.
Resalta que uno de los mayores problemas es cuando los padres son convertidos en hijos. "Aun cuando viva en otra casa, no se puede ejercer el poder como un elemento de control. Se debe entender que él puede tener sus propios gustos, ver televisión hasta la hora que quiera, ir o no a la iglesia, juntarse con otras personas. Hay que respetar sus decisiones", enfatiza.
Sin embargo, advierte que distinto es el caso de una persona de la tercera edad que esté enferma, particularmente cuando disminuyen sus facultades mentales, ya que ahí el hijo debe hacerse cargo de sus necesidades por razones médicas, por lo que la libertad de acción de su papá o mamá necesariamente se verá disminuida.