El embarazo es uno de los momentos más felices para las mujeres. Sin embargo, además de los cuidados necesarios del bebé, es importante que las futuras mamás tomen conciencia de lo importante que es conocer y proteger su propia piel.
La dermatóloga de Clínica Alemana de Santiago Rosalía Coelho explica que en este período son muy frecuentes las alteraciones cutáneas que se producen principalmente por efecto de las hormonas.
En este sentido, uno de los primeros cambios que pueden ocurrir es la hiperpigmentación de los pezones, aureola mamaria, genitales externos y de la línea central del estómago. Ocasionalmente, se observa también en las axilas y en la cara interna de los muslos (principalmente en personas obesas). Este proceso es temporal y se origina sobre todo en aquéllas de piel morena.
Sin embargo, especial atención se debe tener si aparecen melasmas, es decir, manchas irregulares de color café con leche, que surgen en el rostro específicamente en la zona de las mejillas, sobre los labios y la barbilla. Su formación se debe a causas genéticas, pero se gatillan principalmente producto del embarazo y la exposición solar.
"El tratamiento consiste en utilizar cremas despigmentantes, que deben ser recetadas por un médico. Estas lociones son de uso nocturno y pueden contener ácido glicólico, hidroquinonas y ácido láctico. Pero sin duda, lo más importante es utilizar un protector solar adecuado, repitiendo su aplicación cuantas veces sea necesario al día", señala la dermatóloga.
En esta etapa también puede aumentar el número y tamaño de lunares y pecas. No obstante, la pigmentación que se produce es temporal y luego del parto tiende a disminuir. "Pero, si los lunares presentan características de cáncer de piel se deben sacar, aunque la mujer esté embarazada", dice la especialista.